En NOS Noroeste Sustentable sabemos bien que cuidar el mar y vivir bien de él no es tarea de una sola persona. En la playa y en el agua nos cruzamos todos: los que tiran las redes, los científicos que estudian los bichos, las cooperativas y las autoridades. A veces, la cosa se pone difícil porque cada quien jala por su lado, ya sea por desconfianza, por miedo o porque vemos las cosas de manera diferente.
Para romper esa barrera, en NOS trabajamos con una herramienta muy poderosa que tomamos del libro El diálogo y el arte de pensar juntos, escrito por el especialista William Isaacs. Para nosotros, lo que plantea este autor no es más que aprender a sentarnos a platicar de verdad, con el fin de entender el problema completo y buscar soluciones donde todos salgamos ganando.

En esta obra, Isaacs nos enseña que dialogar no es lo mismo que agarrar un debate para ver quién es más picudo o quién tiene la razón. Tampoco es una negociación de esas donde cada quien tiene que perder algo para llegar a un arreglo a medias. El verdadero diálogo es sentarse en la misma mesa a pensar juntos. Es juntar la mente de todos para sacar una fuerza y una inteligencia comunitaria que nadie tiene por sí solo. Así es como podemos crear las Áreas de Prosperidad Marina: zonas del mar que nos organizamos para cuidar, donde el recurso se recupera y, por lo tanto, a las familias de los pescadores les va mejor.
Para que estas pláticas en las comunidades funcionen y den frutos, el libro nos propone cuatro capacidades o “fuerzas” que todos debemos poner en práctica:
Escuchar de corazón: No es nomás oír el ruido de las palabras. Como explica el autor, es poner atención al compañero sin estar pensando ya en qué le voy a contestar para ganarle el argumento, permitiendo que la plática fluya sin resistencias.
Respetar el saber del otro: Aquí nadie vale más ni menos. El pescador sabe las corrientes, los vientos y el comportamiento del pez porque lleva toda la vida en la panga; el científico trae los datos y análisis para la toma de decisiones. Isaacs nos recuerda que hay que respetar la postura del otro, reconociendo el valor de su experiencia.
Aflojar las terquedades (Dejar en suspenso los prejuicios): A veces nos cerramos en que “las cosas siempre se han hecho así y no van a cambiar”. El diálogo nos invita a poner en pausa nuestros prejuicios, el orgullo y las certezas absolutas para examinar juntos nuevas formas de trabajar.
Hablar con la verdad (Expresar la propia voz): Significa decir lo que uno realmente piensa y siente, desde la propia experiencia y con honestidad. Si alguien se guarda una duda o un miedo por temor, la plática no va a ser real y los acuerdos no van a durar.

Cuando logramos armar estas pláticas en las comunidades, creamos lo que Isaacs llama un “contenedor”: un espacio seguro donde la gente agarra confianza para hablar de sus problemas. Ya no se trata de que una organización venga de fuera a decirles qué hacer, sino de que ustedes mismos, los que viven del mar, se pongan de acuerdo para ser los dueños de su propio destino.
Sentarse a pensar juntos es el mejor anzuelo que tenemos para asegurar que el mar siga vivo, que la pesca sea buena y que la prosperidad llegue a sus hijos y nietos. ¡Esa es la verdadera buena plática que impulsamos en NOS!
Una comunidad elige el diálogo en lugar de la venganza.
Referencia de la herramienta:
Libro: El diálogo y el arte de pensar juntos: un enfoque pionero para comunicar en los negocios y en la vida (Título original en inglés: Dialogue and the Art of Thinking Together).
Autor: William Isaacs.
Editorial: Currency / Doubleday (Casas editoras en Estados Unidos).
