Durante décadas, la conversación sobre la conservación marina se centró en decretos, áreas naturales protegidas y regulaciones. Hoy, quienes trabajan por la salud del Golfo de California coinciden en que eso ya no basta.
También se necesita una ciudadanía informada, comunidades involucradas y alianzas capaces de convertir el conocimiento científico en acciones dentro del territorio. Esa idea atravesó gran parte de las conversaciones del Foro Azul Pacífico, realizado en San Jose Cabos en el marco del Día Mundial de los Océanos de la ONU.
Para Ana Ortiz Ríos, fundadora de Planet Ocean y socia fundadora del Foro Azul Pacífico, uno de los principales objetivos del encuentro es acercar el conocimiento sobre los océanos a la sociedad y visibilizar soluciones que ya existen.
“No puedes cuidar lo que no amas y no puedes amar lo que no conoces”, resumió al explicar la importancia de abrir estos espacios al público y no limitar la conversación al ámbito científico.
Ese mismo enfoque estuvo presente en el panel Herramientas de conservación territorial, donde Hubert Méndez Camacho,secretario del Consejo se administracion de la Organización de Pescadores Rescatando La Ensenada (OPRE), compartió cómo la experiencia de la organización demuestra que la restauración ecológica genera resultados más sólidos cuando incorpora a las comunidades pesqueras desde el inicio.

Las comunidades fortalecen la conservación
Desde la experiencia de NOS Noroeste Sustentable en la Ensenada de La Paz, herramientas como las zonas de refugio pesquero, las áreas naturales protegidas, la gobernanza comunitaria y la restauración de especies funcionan mejor cuando dejan de operar de forma aislada y se integran en una estrategia común.
El objetivo es que las propias comunidades participen en el manejo, monitoreo y cuidado de los sitios donde desarrollan su actividad.
Para Hubert Méndez, escuchar experiencias de otras organizaciones confirmó que existe un elemento compartido en los proyectos exitosos: la confianza en las personas que habitan el territorio.
“Quienes mejor conocen estos ecosistemas son las comunidades pesqueras. Cuando ellas participan como vigilantes, administradoras y tomadoras de decisiones, las herramientas de conservación tienen mayores posibilidades de mantenerse en el tiempo”, afirmó.

Construir alianzas para que las soluciones perduren
Alejandro Robles González, director general de NOS Noroeste Sustentable, coincidió en que el mayor desafío no consiste únicamente en crear nuevos proyectos, sino en construir estructuras sociales capaces de sostenerlos durante años.
“Se requiere crear las estructuras que puedan durar, que puedan resistir el paso del tiempo y vemos que eso no es tan sencillo y requiere mucho compromiso de la sociedad el mantenerlas. Si no le entramos como sociedad, no es fácil”, indicó.
El directivo destacó además que la innovación financiera abre nuevas oportunidades para impulsar la restauración marina. Mecanismos como el carbono azul y otros esquemas de financiamiento permiten reconocer económicamente el trabajo de las comunidades que restauran ecosistemas, haciendo que la conservación también genere bienestar.
Para Ana Ortiz Ríos, el siguiente paso consiste en que estos espacios no sólo informen, sino que impulsen nuevas colaboraciones entre organizaciones, comunidades, academia, empresas, emprendedores y fondos de inversión.
“El propósito más grande es que se den más colaboraciones. Pasar del diálogo a la acción y potenciar las soluciones que se necesitan en Baja California Sur y el Golfo de California”, expuso.

La conclusión que dejó el Foro Azul Pacífico es que el futuro del Golfo de California dependerá tanto de la ciencia y la tecnología como de la capacidad de sumar esfuerzos entre todos los sectores de la sociedad.
El desafío consiste en construir una conservación donde las comunidades sean protagonistas, porque, como afirmó Hubert Méndez, cuando las personas se apropian del cuidado de su territorio, también ayudan a garantizar el futuro de los ecosistemas de los que depende la vida en el mar.
