En la Ensenada de la Paz, los pescadores de la Organización de Pescadores Rescatando la Ensenada (OPRE) están dando un paso estratégico que tiene como objetivo no solo sostener la recuperación del callo de hacha, sino también mejorar su valor en el mercado.
A través de un Proyecto de Mejora Pesquera (FIP, por sus siglas en inglés), trabajan en ordenar la actividad, fortalecer prácticas sostenibles y abrir la puerta a mercados preferenciales que reconocen y pagan mejor por productos provenientes de pesquerías responsables.
“Este Proyecto de Mejora Pesquera busca alinear a organizaciones de la sociedad civil, cooperativas pesqueras, centros de investigación, con la finalidad de diseñar un plan de trabajo orientado a mejorar distintos componentes dentro de la pesquería”, explicó Víctor Vargas López, investigador del Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas (Cicimar) y acompañante técnico del proyecto.

De la restauración al valor agregado
Durante más de 15 años, con el acompañamiento de NOS Noroeste Sustentable, los pescadores de OPRE, en el barrio El Manglito, han trabajado en la restauración de la Ensenada de la Paz tras el colapso del callo de hacha. Han implementado acciones como monitoreo, resiembra y vigilancia comunitaria.
Ahora, el FIP busca dar un siguiente paso y convertir ese esfuerzo en una ventaja competitiva.
“Todo esto está orientado a mejorar 3 componentes de la pesquería, tomando como base el estándar de certificación internacional de pesquerías del Marine Stewardship Council (MSC). Entonces, entre todos los participantes se diseña un plan de trabajo para poder cumplir con todos los indicadores que están inmersos en los componentes de este estándar de pesquerías”, manifestó.
Los tres componentes son:
- Poblaciones sostenibles
- Impacto ambiental mínimo
- Manejo eficaz de la pesquería
Este plan de trabajo no solo fortalece la sostenibilidad de la pesquería, sino que también genera condiciones para posicionar el producto en mercados que valoran la trazabilidad, la legalidad y el cuidado ambiental.

Mercados que pagan mejor
Uno de los principales incentivos del FIP es su potencial de acceder a mercados preferenciales, es decir conectar a los pescadores con compradores que priorizan productos sostenibles, desde cadenas comerciales hasta restaurantes y hoteles.
“Hay empresas que le dan un precio preferencial a aquellos recursos pesqueros que provengan de un FIP, es decir, si yo como empresa responsable sé que tu producto viene de un Proyecto de Mejora Pesquera, que en verdad el pescador está haciendo esfuerzos por mejorar las actividades dentro de la pesquería, podría ofrecerte un mejor precio que el establecido en el mercado ”, explicó el investigador.
En algunos casos, esto puede traducirse en esquemas más favorables para los pescadores, como vender menos volumen, pero a mejor precio, o contar con acuerdos comerciales más estables durante la temporada, lo que impacta en una pesca más sostenible.
El implementador del FIP expuso además que el mercado está evolucionando en esa dirección. Grandes cadenas y compradores internacionales han comenzado a adoptar políticas de abastecimiento responsable, privilegiando productos con certificación o provenientes de FIP.
“Sí, hay consumidores finales que están dispuestos a pagar un poco más por productos provenientes de pesquerías que demuestran un compromiso real con la sostenibilidad. Me refiero a pesquerías que cuidan la trazabilidad, que trabajan para prevenir la pesca ilegal, que adoptan buenas prácticas de manejo y que, además, incorporan buenas prácticas sociales. Es decir, no solo importa cómo se extrae el recurso, sino también bajo qué condiciones se desarrolla toda la actividad pesquera. Ahí es donde los FIPs pueden generar valor y marcar una diferencia”, indicó.

Ordenar la pesca para competir mejor
Más allá del acceso a nuevos mercados, el FIP permite a los pescadores organizarse de manera más estratégica, indicó Vargas López.
El proyecto articula a distintos actores, como pescadores, científicos, autoridades y organizaciones civiles, bajo un mismo plan de trabajo, con metas, tiempos y responsabilidades definidas.
“Lo que se busca es que todos rememos juntos, es alinear esfuerzos para que todas las partes avancen en la misma dirección. Es decir, que todos los participantes se integren alrededor de actividades concretas, con una temporalidad definida y con responsabilidades claras para cada uno de ellos.”, sostuvo.
Este ordenamiento incluye no solo aspectos productivos, como el monitoreo del recurso o la estimación de biomasa, sino también elementos sociales como mecanismos de resolución de conflictos, capacitación en derechos humanos e inclusión, en los que ya trabajaron el año pasado.
Vargas López destacó que los pescadores de OPRE ya vienen haciendo muchas cosas bien desde hace años, pero ahora están estructurando esas prácticas dentro de un proyecto formal que les permitirá medir avances.
“Los pescadores han participado con mucho interés. Hacen preguntas, buscan soluciones y nos piden orientación para entender qué más pueden hacer, con la intención de seguir pescando de manera responsable, asegurar una mejor remuneración por su trabajo y, sobre todo, reducir el riesgo de que más adelante puedan agotar la pesquería.”, expresó.

Un proyecto a tres años
Actualmente, el FIP se encuentra en proceso de consolidación como un FIP prospectivo que está transitando hacia un FIP básico, para lo cual desarrollarán un plan de trabajo a 3 años.
“Este FIP básico lo va a validar la plataforma Fishery Progress, para lo cual teníamos que tener algunos avances en términos de no solamente el concepto pesquero como tal, sino también el desempeño social que también piden los FIPs”, indicó.
Entre las acciones previstas en el plan de trabajo están el fortalecimiento del monitoreo, la restauración del callo de hacha, la actualización de información para mejorar la regulación pesquera y la búsqueda activa de mercados preferenciales.
En paralelo, se continuará trabajando en el componente social, incluyendo mejores condiciones de bienestar para los pescadores y sus familias.
Para OPRE, el reto es pasar de vender el callo de hacha de manera tradicionales a posicionarlo en mercados que valoran la sostenibilidad, para lo cual el FIP representa una oportunidad que puede traducirse en mejores ingresos y mayor estabilidad.
