Bajo la superficie de la Ensenada de La Paz existe un ecosistema silencioso, poco visible y, sin embargo, determinante para la pesca: los pastos marinos.
En el marco del Día Mundial de los Pastos Marinos, pescadores de la Organización de Pescadores Rescatando la Ensenada (OPRE) trabajan junto con el oceanólogo Leonardo Ruiz Montoya, investigador postdoctoral por la Universidad de Australia Occidental, en un programa que busca evaluar qué especies de pastos existen en la ensenada y sentar las bases para restaurar Zostera marina, una especie clave para la reproducción de bivalvos como la almeja Catarina.
Un ecosistema olvidado que sostiene la pesca
“Los pastos marinos están muy olvidados, como que no han agarrado mucha moda de la necesidad de protegerlos porque los desconocemos”, comenta Ruiz Montoya.
A diferencia de las algas, los pastos marinos son plantas vasculares que evolucionaron en tierra y regresaron al mar. Tienen raíces, hojas y rizomas que se extienden bajo el sedimento formando praderas submarinas.
A nivel global existen alrededor de 60 especies y, aunque cubren menos del 0.2% del fondo oceánico, su importancia ecológica es desproporcionada. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, estos ecosistemas:
- Funcionan como base de la cadena alimenticia marina.
- Sirven de refugio y guardería para especies comerciales.
- Almacenan carbono azul.
- Reducen la erosión costera y amortiguan tormentas.
- Mejoran la claridad del agua al retener sedimentos.
Sin embargo, se estima que a nivel mundial se pierde cerca del 7% anual de su cobertura debido a contaminación, desarrollo costero y cambio climático.

La relación directa con los bivalvos
Para los pescadores de OPRE, la conexión entre pastos marinos y pesca no es teoría científica. La experiencia les dice que si no hay pastos marinos, declina la existencia de especies de bivalvos.
“Ellos mismos se han dado cuenta que cuando perdieron pasto, perdieron no solo la almeja Catarina, también callo de hacha y otro tipo de bivalvos, entonces sí relacionan que sirven para que les vaya mejor en su pesca”, expone el investigador.
Las praderas funcionan como una “alfombra” que reduce la velocidad de las corrientes marinas. Al disminuir la energía del agua, permiten que las larvas de bivalvos se asienten y crezcan.
“Si tienes una partícula que se está moviendo a 5 cm por segundo y está haciendo fricción con las hojitas de los pastos, reducen la energía de la corriente y eso hace que se asienten muchas larvas de los bivalvos y que puedan crecer ahí”, explica Ruiz Montoya.
Además, las hojas ofrecen refugio a juveniles de peces y otras especies comerciales, por lo que la pérdida de estos hábitats puede derivar en la disminución o incluso el colapso de pesquerías locales.

Construir la primera línea base
Uno de los principales retos en la Ensenada de La Paz es que no existe información detallada y reciente sobre la cobertura y estado de los pastos marinos.
“Vamos a empezar por la línea base porque no hay nada. Necesitamos saber qué hay, dónde hay y cuánto hay”, señala el oceanólogo.
El programa, que cuenta también con el acompañamiento de NOS Noroeste Sustentable, contempla:
- Talleres con pescadores para ubicar zonas históricas de pastos.
- Salidas de prospección para identificar especies presentes.
- Instalación de transectos de monitoreo para medir abundancia y distribución.
- El monitoreo deberá extenderse al menos un par de años para considerar la variabilidad estacional, ya que en verano las altas temperaturas pueden afectar las poblaciones.
- A partir de esta información se evaluará la reintroducción de Zostera marina, una especie de mayor tamaño que favorece el asentamiento de larvas de bivalvos.

Restaurar naturaleza para fortalecer economías
Más allá de la biodiversidad, el proyecto apunta a un objetivo concreto que es fortalecer la pesca artesanal sostenible.
Los pastos marinos no solo benefician a tortugas y peces; también sostienen economías costeras. Al actuar como guarderías naturales, incrementan la supervivencia de juveniles y mejoran la productividad pesquera a mediano y largo plazo.
También ofrecen protección ante tormentas y reducen la erosión costera, un servicio ambiental clave frente al cambio climático.
La restauración ecológica no es inmediata. Requiere monitoreo constante, financiamiento y colaboración entre ciencia y comunidad.
“Idealmente lo que es monitoreo debería de seguir décadas, porque cualquier cambio que haya dentro de la Ensenada, es bueno tener este registro”, advierte el investigador.
En el Día Mundial de los Pastos Marinos, esta iniciativa de OPRE no solo responde a objetivos de conservación, sino también a la recuperación de la productividad pesquera y la sostenibilidad de las comunidades costeras.
El proyecto que los pescadores impulsan con el acompañamiento de NOS Noroeste Sustentable tiene como objetivos no solo la conservación, sino la recuperación de la productividad pesquera y la sostenibilidad de quienes dependen de estos recursos marinos.
