Silvia Ramírez Luna nació en el entonces Distrito Federal, pero desde muy joven encontró en el mar de Baja California Sur su vocación y destino. Llegó a La Paz en 1982 para estudiar Biología Marina en la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS), una decisión que marcaría su vida.
Al contar su historia para Voces del Mar, una colaboración de NOS Noroeste Sustentable con Altavoz Radio para documentar y difundir prácticas de pesca sostenible, y sensibilizar a la audiencia sobre la relación entre comunidades y ecosistemas marinos, Ramírez se remontó a sus primeros años como Bióloga Marina.
“Empecé con temas de reproducción de peces y mi primera comunidad fue El Pardito, que es un islote que está arriba de la Bahía de La Paz. Ahí conocí y conviví por casi 2 años con la familia Cuevas”, recordó.
Muy pronto, entre laboratorios y expediciones, entendió que la investigación marina no podía desligarse de las comunidades pesqueras que dependen directamente de los recursos que provee el mar.
De la ciencia a la acción comunitaria
Tras concluir la licenciatura, Silvia se incorporó como profesora investigadora en la UABCS, impartiendo materias de fisiología animal y participando en proyectos de reproducción de peces comerciales.
Años después, junto con colegas, se trasladó a Oaxaca para fundar la carrera de Biología Marina en la Universidad del Mar, donde trabajó seis años investigando ecosistemas coralinos y diversidad de invertebrados.
De regreso a La Paz, continuó con estudios de posgrado en el Cicimar, especializándose en biodiversidad marina y reproducción de especies de importancia comercial. Sin embargo, la vida le tenía reservado un nuevo rumbo. En 2011 se integró a NOS Noroeste Sustentable, organización que ha sido clave en la promoción de la pesca sostenible en Baja California Sur.
“Fue una oportunidad muy importante que se me abrió para retomar mi carrera como bióloga y trabajar en proyectos de restauración directamente con la comunidad de pescadores de El Manglito”, expresó.
Ahí, dijo, aprendió cuáles eran las circunstancias que enfrentaban y cómo podía participar, a través de NOS Noroeste Sustentable, en proyectos de restauración de pesquerías.
Restauración del callo de hacha, un ejemplo de esperanza
Desde entonces, Silvia ha acompañado a los pescadores en un proceso de resiliencia, al pasar de la sobreexplotación de especies en la Ensenada de La Paz, a la recuperación del ecosistema y de los recursos pesqueros.
Ramírez Luna aseguró que la mayor aportación de NOS Noroeste Sustentable fue el generar espacios de reflexión entre los pescadores, para que pudieran escucharse entre ellos e identificar cuáles eran las cosas que más les importaban y por las que querían trabajar.
“Lo que resonó entre ellos fue el poder tener nuevamente su Ensenada con recursos para poder trabajar y tener una vida buena, eso dio lugar a los proyectos de restauración, que es lo más valioso que he vivido en mucho tiempo, el ver cómo una idea individual de pronto se hizo colectiva”, dijo.
Uno de las decisiones más importantes y valientes de los pescadores de El Manglito, recordó, fue el acuerdo para suspender la extracción de callo de hacha, un recurso que había llegado a niveles críticos.
“Para nosotros (esa decisión) fue ¡guau!: dejar de trabajar en la pesca, cuando realmente de eso es de lo que vive tu familia, y aceptar trabajar en cosas que a lo mejor generen menos ingresos. Yo creo que eso ha sido de lo más importante que me ha tocado ver, y cómo a lo largo de los años han mantenido ese esfuerzo”, subrayó.
Y ese esfuerzo dio fruto, ya que la población de callo de hacha se ha recuperado al grado que es nuevamente una opción productiva para El Manglito.
Dejando huella en La Paz
Hoy, el trabajo de Silvia y de NOS Noroeste Sustentable se reconoce como un ejemplo de cómo la ciencia, la comunidad y la conservación, unida, pueden ofrecer soluciones reales a la crisis ambiental. Experiencias como la recuperación del callo de hacha en La Paz se han convertido en referentes para proyectos de pesca sostenible en otras regiones del país.
“Para mí ha sido un privilegio estar trabajando en NOS Noroeste Sustentable, el poder estar participando en todos los proyectos que tiene la organización. Yo creo que el mejor mensaje es la posibilidad de no perder la esperanza y no perder la capacidad de querer participar y de activamente formar parte de estos esfuerzos de darle a la naturaleza lo que necesita para poder para poder continuar”, manifestó.
La historia de Silvia es un testimonio de que detrás de cada esfuerzo de conservación existen personas que creen en la posibilidad de cambiar las cosas, como está sucediendo en la Ensenada de La Paz y El Manglito.
